De sílices, vértebras y marmoles

Revuelta la memoria primeriza, vaya aquí un pedazo de esperanza

“(…) En efecto, iban a desaparecer para siempre: asimismo la región entera y el país y el mundo. Pero aquellos pasos, aquel buscar, perdurarían por los siglos, cuando el viento,cuando alguien se detuviera para escuchar la voz del polvo.

Se descubre en ocasiones que la muerte es muy posterior a la muerte verdadera, como la propia vida, a su vez, muy anterior a la conciencia de la vida. Ocasiones luminosas que apenas si se dan. Queda entonces del ser humano algo muy parecido a la piedra, a una piedra que respirase con cierto principio de idea, de adivinación ancestrales. Momentos donde se da el prodigio de la especie y en un hombre solo, abatido por la revelación, se muestra la memoria del hombre entero. Se descubre que en el principio fue lo inanimado, la turba en reposo y fría ya, y una memoria que duele en el entendimiento recuerda al hombre su condición de sílice o de mármol.

Yo era sílice entonces y apenas, en mí, algo remotísimo, esencia de sombra, me situaba en el reino: algo menor que el menor signo de un soplo de presentimiento incapaz de ser medido, inaprehensible.

Inmóviles, muertos, mis átomos preparábanse para ser el dibujo de una
vértebra; para advenir a la maravilla prodigiosa de la respiración, bajo el mar, de donde naceríamos.

Era preciso el milagro y mi destino convetiríame en pez, en reptil, en ave, hasta llegar aquí, sollozando, sollozando eternamente. “

Via: página 61 de “El Luto Humano” (1943) José Revueltas.

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